Autora: Camila
Fecha de publicación: 28 julio, 2020

A pesar de todo lo que hemos evolucionado en estos miles de años, gracias evidentemente a nuestro intelecto más desarrollado que nos ha permitido concebir ideas y herramientas que han cambiado nuestro mundo a mejor, los seres humanos seguimos siendo animales en el fondo, y guardamos buena parte de esos instintos que son comunes a todas las especies. Uno de ellos, seguramente el más poderoso, es el de reproducirnos. Venimos al mundo a seguir expandiendo nuestro especie, a dejar nuestra semilla para que nuestra estirpe se haga eterna. Y aunque la sociedad ha tratado de encerrar el sexo como un tabú peligroso del que no se puede hablar en público, en las últimas décadas las cosas están cambiando hacia una concepción mucho más natural y afectiva del placer.

No se trata del sexo por el sexo, aunque tampoco es algo malo. Se trata de entender cuáles son nuestras emociones cuando acabamos entregándonos al placer de una manera arrebatadora. En ese momento, donde el instinto sexual parece tomar el control, la lógica ya no es tan importante, y son otros impulsos mucho más atávicos los que dirigen nuestras acciones. A todo ello se le conoce como Respuesta Sexual Humana, un concepto surgido hace décadas gracias a la investigación del matrimonio Masters-Johnson, ginecólogo y sexóloga respectivamente, que provocaron una gran polémica al estudiar abiertamente los efectos que tiene el sexo en nuestro cuerpo y nuestra mente. Gracias a aquel estudio, que se llevó a cabo en cientos de parejas, hoy entendemos mucho mejor esa respuesta sexual ante todo lo que nos excita.

Qué es la respuesta sexual

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Según la descripción del propio matrimonio Masters-Johnson, la respuesta sexual humana se define como el conjunto de cambios físicos y hormonales que tiene lugar en el cuerpo del ser humano ante un estímulo sexual. Cuando nos exponemos a un estímulo de este tipo, sea cual sea, nuestro cuerpo cambia y nuestra mente también se ve afectada, provocando precisamente esos cambios que a veces son muy obvios, porque tienen que ver con puntos álgidos de excitación, y otras veces se quedan en las primeras etapas, como el deseo. De hecho, uno de los grandes adelantos de Masters y Johnson fue clasificar la respuesta sexual humana en cuatro fases, a la que luego se añadió una más, previa a todas ellas, para explicar mucho mejor la situación por la que pasa nuestro cuerpo ante los estímulos sexuales.

Fases de la respuesta sexual

Johnson y Masters determinaron que la respuesta sexual humana constaba de cuatro fases bien diferenciadas: Excitación, Meseta, Orgasmo y Resolución. A estas cuatro fases se le añadió posteriormente una anterior, la del Deseo, que también se diferenciaba dentro de la primera, la de Excitación, por no provocar cambios tan visibles. Las fases son diferentes, tanto en su contenido como en su duración, en hombres y en mujeres.

Deseo

Incluida como primera parte de la respuesta sexual humana, estuvo mucho tiempo a la sombra de la fase de Excitación, puesto que se creía que eran lo mismo. Sin embargo, el deseo es una fase más psicológica, mental, que podemos sentir muchas veces al día en cualquier momento realmente, y que no tiene porqué derivar en la propia excitación en sí, que como veremos, ya tiene otro tipo de condicionamientos.

Excitación

La fase de la excitación, normalmente considerada como la primera, es la continuación del deseo y se puede dar por muchos y muy variados estímulos sexuales, desde un cuerpo desnudo hasta un roce o un beso en una zona erógena. Esta fase ya cuenta con cambios hormonales, y de hecho nuestro cerebro cambia drásticamente su actividad. Siempre se ha pensado que el hombre es mucho más visual en este sentido, y la mujer tiene mayor amplitud sexual en las cosas que las excitan. En el caso de los varones, el pene se agrande y se endurece durante esta fase, teniendo una erección. En el de las mujeres, la vagina normalmente se lubrica. Es la “preparación” para un posible coito inminente, para el cuál el cuerpo nos avisa de que debemos estar preparados.

Meseta

Es la segunda fase como tal, aquella en la que se desarrollan los efectos vistos anteriormente en la fase de excitación. Durante la fase de meseta el pulso cardiaco aumenta, la respiración se vuelve entrecortada y los efectos de esa excitación y del deseo se hacen  más notables. Normalmente se atribuye esta fase a la iniciación de la relación, ya sea completa o no. En esta fase hay cierta prisa y cierto apremio por descargar la tensión sexual que hemos ido acumulando, así que es el propio cuerpo el que toma el control de nuestras acciones, dejándonos llevar por el morbo y el deseo. Si se interrumpe la fase meseta o no se llega satisfactoriamente a la siguiente, el orgasmo, se pueden dar sensaciones muy molestas. La fase, además, puede alargarse más o menos, dependiendo de nuestra habilidad.

Orgasmo

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Es uno de los puntos álgidos de la relación sexual, el momento cúspide y más intenso dentro de estas tres primeras fases, donde la presión arterial y el ritmo cardíaco han subido hasta su pico más alto. La gran tensión muscular que se produce en ese momento deriva luego en la resolución, y se puede comprobar de manera muy evidente en el varón, ya que eyacula al llegar a este punto. En el caso de la mujer es algo más complejo, ya que su zona de mayor estimulación sexual, el clítoris, se encuentra dentro de la vagina, no tan expuesta. La manifestación del orgasmo en ambos casos puede ser a través de gruñidos, gritos, suspiros ahogados y otras manifestaciones que dependerán también de cada individuo.

Resolución

Es la última fase, la que viene después del orgasmo, y nos devuelve a una situación de actividad normal en nuestro cuerpo. La intensidad baja, el ritmo cardiaco también vuelve a niveles normales y la respiración se modera. La fase de resolución suele supone la relajación después de la intensidad del orgasmo, y dependiendo del individuo pude durar más o menos. En los hombres existe un periodo refractario, unos minutos en los cuales no se puede volver a excitar con la misma intensidad. Las mujeres, sin embargo, no tienen ese periodo, y pueden seguir excitadas durante un largo rato, sin necesidad de esperar o recobrar fuerzas. Su periodo de resolución puede ser muy breve, e incluso hay algunos expertos que aseguran que la mujer puede pasar de la fase Orgasmos a la fase de Deseo y Excitación sin necesidad de pasar por la Resolución.

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